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Acuerdo Nacional por los Cuidados: un proyecto de país

People lean over a table covered with sketches and notes, working on them together.

A fines de agosto se lanzó en Argentina el Acuerdo Nacional por los Cuidados, una propuesta con 13 puntos que busca instalar en el centro del debate público una idea simple y urgente: sostener la vida es una tarea colectiva y el cuidado debe ser reconocido como un derecho y una responsabilidad social compartida.

LA COCINA DEL ACUERDO

Los cuidados no son un tema fácil para los feminismos, sobre todo cuando se trata de convertirlos en agenda de la opinión pública y más aun de los gobiernos. A veces hay que explicarlos de cero.

Tras la asunción de Javier Milei a fines de 2023 y sus primeras políticas de recortes y ajuste, un conjunto de organizaciones que trabajaban desde hacía muchos años la temática de los cuidados se reunió en una mesa intersectorial bajo la coordinación del Centro de Estudios Legales y Sociales (Cels). La cocina de los cuidados se planteó como objetivos defender los derechos conquistados en materia de cuidados y al mismo tiempo observar la evolución de las políticas públicas a través de un monitor. En poco más de dos años, los datos del monitor mostraron que, de 50 políticas de cuidado existentes, solo quedaban dos en pie, y esto afectaba a millones de personas.

El espacio de La cocina de los cuidados publicó las observaciones y denunció. Pero llegó un momento en que esa denuncia debía pasar a la acción. Allí nació la campaña del Acuerdo Nacional por los Cuidados, que es una denuncia, una propuesta y un programa.

UNA PROPUESTA TRANSFORMADORA DE LA ORGANIZACIÓN SOCIAL DEL CUIDADO

El objetivo del Acuerdo, explica Virginia Franganillo, una de las coordinadoras de la Cocina de los cuidados, es mostrar que la Argentina debe tener una salida a la crisis humanitaria que están viviendo niñeces, adultxs mayores, jóvenes, producto de las políticas que se están aplicando, “pero también mostrar a los cuidados, no como una sumatoria de políticas sectoriales, sino como una organización social que con políticas públicas puede ser más justa: que genera empleo, mejora las desigualdades sociales, la pobreza y la indigencia”.

El primero de los 13 puntos del Acuerdo se titula “El futuro se construye hoy” y describe cómo es ese futuro deseable: uno en donde el cuidado deja de ser un privilegio y pasa a ser una responsabilidad compartida. Garantizar los cuidados significa entender que hay una corresponsabilidad entre sectores.

Continúan luego algunos ítems centrados en garantizar los derechos de cuidados de poblaciones específicas (infancias, adolescencias, personas adultas mayores, con discapacidad, trabajadorxs del cuidado, cuidadoras comunitarias) y otros sobre la corresponsabilidad, redistribución, planificación y asignación de recursos a los cuidados, que tienen como destinatario a “un Estado que asegure el acceso universal a los cuidados”.

El punto de cierre es un llamado a construir una sociedad más justa desde el cuidado, porque “una sociedad que cuida es una mejor sociedad”.

Se trata de un consenso intersectorial e intergeneracional. En un mes, el acuerdo obtuvo 800 adhesiones de organizaciones de derechos humanos, sindicatos, universidades nacionales, organizaciones sociales y más de 50 municipios donde se presentaron proyectos de ordenanza para crear un sistema de cuidados a nivel local.

“Es un proyecto de país” -dice Lucía de la Vega, responsable de la agenda feminista del Cels y a cargo de la Cocina de los cuidados-; y explica que los 13 puntos son una propuesta de reconstrucción transformadora, “porque apostamos a transformar la organización social del cuidado: planteamos la necesidad de que haya corresponsabilidad entre el Estado, el mercado, las familias y la comunidad”. Uno de los ejes del Acuerdo es la concepción relacional del cuidado y en ese entramado los cuidados en los territorios ocupan un lugar central: “apostamos a la construcción del tejido social de la mano de las organizaciones sociales y comunitarias.”

LOS CUIDADOS COMUNITARIOS: EL GERMEN DE UN PARADIGMA SOCIAL DIFERENTE

Las organizaciones de cuidados comunitarios formaron parte de la propuesta desde un principio. Dieron un panorama de cómo se iba transformando el territorio a medida que se retiraba el Estado de los cuidados.

Norma Morales, referenta de Barrios de Pie, explica que, en los barrios populares se experimenta hoy una fuerte desvalorización y demonización de las tareas del cuidado, producto de la persecución por parte del gobierno nacional. “Tenemos que construir un dispositivo para poner en valor los cuidados”, propone. “Las cuidadoras comunitarias soñamos con un país donde el cuidado no sea visto como un sacrificio. Yo deseo cuidar a mi país; nosotras deseamos cuidar.” Por eso el acuerdo propone en uno de sus puntos, el registro, formalización y remuneración de las trabajadoras comunitarias.

Si concebimos a los cuidados como una forma de relacionarnos que debe ser pensada por fuera de la lógica del mercado, “en los cuidados comunitarios hay un germen que puede marcar un paradigma social diferente -dice Norma Sanchís, directora de la Asociación Lola Mora e integrante de la Cocina de los cuidados-; pueden ayudar a pensar una circulación de cuidados que no está centrada en el Estado ni en la familia; una sociedad donde todxs nos cuidemos unxs a otrxs atendiendo especialmente a las demandas principales.”

UNA PROPUESTA PARA TODA LA SOCIEDAD

Para la economista Lucía Cirmi, coordinadora del monitor de La cocina de los cuidados, las políticas públicas tampoco resolvían todos los cuidados en Argentina hace tres años. “En realidad el cuidado lo resuelven las familias, específicamente las mujeres: una mamá está sola con la crianza de sus hijos hasta los 3 años, cae todo sobre las mujeres”.

La campaña tiene como horizonte también instalar en la sociedad el debate sobre la inequitativa distribución del trabajo de cuidado entre los géneros; algo que nunca resultó sencillo para los feminismos.

Es difícil hablar de cuidados, porque todavía hay que explicarlos, sostiene Cirmi. Pero además, la mayor barrera para hablar del tema es la indiferencia, producida por el hecho de que, al ser el cuidado una necesidad, alguien lo va a resolver, con o sin políticas públicas, con o sin dinero: “mientras nada cambie, nosotras seguimos cuidando”.

Sin embargo, puede haber una oportunidad en un fenómeno considerado como catastrófico por gran parte de la sociedad, que es la transición demográfica producto de la caída de la tasa de la natalidad y el aumento de la esperanza de vida. Es positivo que el tema esté en los medios, y de pronto a quien no le importaba el tema se pregunta quién lo va a cuidar en el futuro. “Y si las familias van cambiando –pregunta Cirmi-, ¿sigue siendo la familia el lugar donde se va a cuidar o hay que reorganizarlo de otra forma? Creo que esta es una oportunidad para presentar una propuesta de reorganización de los cuidados de esta nueva sociedad.“

El Acuerdo se presenta además como un programa de futuro para la política social también en crisis, que podría generar más de 1.500.000 puestos de trabajo asociados al mundo del cuidado, un sector donde hoy trabajan 3.400.000 personas.

Por eso es una propuesta para toda la sociedad (y no solo para la agenda feminista), que habla de la organización de los cuidados, pero también de la distribución de la riqueza. “Y, sobre todo -dice Cirmi- deja a la vista la denuncia que hacen los cuidados: que todos somos interdependientes. En este mundo de soledad colectiva, los feminismos nacionales y populares vienen a decir que acá hay un proyecto colectivo de cuidar en comunidad.”

El Acuerdo Nacional por los Cuidados se puede descargar aquí.

El Formulario para adherir, aquí.