¿Qué pasaría si las mujeres dejaran de cocinar, limpiar y cuidar a sus hijos e hijas y a las personas mayores, aunque fuera por un solo día? Probablemente, el trabajo que se realiza fuera del ámbito doméstico tampoco podría llevarse a cabo. Esto se debe a que es este trabajo de cuidados, todavía invisible, el que sostiene nuestra vida, nuestras ciudades y nuestra economía. Según un estudio del Lab Think Olga, el trabajo de cuidados no remunerado equivaldría al 11 % del PIB brasileño si se cuantificara, más que el rendimiento de cualquier industria del país. Este trabajo, imprescindible para toda la sociedad, sigue recayendo en un único grupo muy específico: las familias, lo que termina siendo un sinónimo casi exclusivo de mujeres. Cuidar no debería considerarse un trabajo “natural” o de “afecto” de madres, abuelas, hermanas y tías, pues implica un esfuerzo físico, mental y material y, en consecuencia, el uso del tiempo. Más tiempo dedicado a cuidar la casa y a los familiares significa menos tiempo para el autocuidado y para desarrollar la propia autonomía económica, profesional y política, y así el ciclo de la desigualdad de género en todos los ámbitos de la vida se reproduce de forma acelerada.
Además de la invisibilización del trabajo de cuidados no remunerado, es importante mencionar la relevancia de los cuidados como ocupación remunerada, un tema todavía insuficientemente debatido en el ámbito público y político. Según un informe de la Fundação Arymax e Instituto Veredas, en Brasil 24 millones de personas trabajan en alguna actividad de cuidados, lo que corresponde a 1 de cada 4 personas ocupadas en el país. Es decir, hay muchísima gente en una ocupación que, aunque es imprescindible para nuestra existencia, sigue estando socialmente desvalorizada, mal remunerada, desregulada, feminizada y racializada. Son las mujeres negras quienes sostienen el trabajo de cuidados remunerado en Brasil.
El papel de las políticas públicas locales en la corresponsabilidad de los cuidados
Es a partir de este contexto que el Instituto Foz trabaja junto a los municipios para situar los cuidados en el centro de las políticas públicas locales. Es a partir de la corresponsabilidad del Estado en los cuidados que podremos reducir el trabajo de cuidados que recae obligatoriamente sobre las mujeres y, de esa forma, abrir caminos hacia la igualdad de género.
En este sentido, la aprobación de la Política Nacional de Cuidados, en 2024, reglamentada por el Plano Brasil Que Cuida (Plan Brasil que Cuida, 2025), es un hito importante para reforzar la responsabilidad de los poderes públicos en la garantía del derecho a cuidar, a recibir cuidados y al autocuidado. Aunque el Plan prevé e incentiva su territorialización, este “aterrizaje” de la agenda de los cuidados en los territorios no es algo sencillo. Como diría el gran geógrafo Milton Santos, el territorio es el suelo más la identidad. Por eso, creemos que territorializar la política de cuidados significa tener en cuenta las dinámicas, vivencias y memorias de cada contexto local, para articular servicios, equipamientos públicos e iniciativas comunitarias que respondan a las necesidades específicas de quienes necesitan cuidados y de quienes cuidan.
Así, a través del proyecto “Cuidado na Comunidade: lavanderias comunitárias para apoiar o bem-estar de quem cuida” (Cuidados en la comunidad: lavanderías comunitarias para apoyar el bienestar de quienes cuidan), en alianza con la Fundação Van Leer y con el apoyo del Ministério das Mulheres (Ministerio de las Mujeres), buscamos reducir la sobrecarga de trabajo de cuidados no remunerado de las mujeres, principalmente de las madres de niñas y niños en la primera infancia, mediante el fortalecimiento de las lavanderías comunitarias, que son equipamientos públicos de cuidados en los territorios. Y con la iniciativa “Cidades que Cuidam: um olhar para o cuidado remunerado no Brasil” (Ciudades que Cuidan: una mirada a los cuidados remunerados en Brasil), junto con la Fundação Arymax y el BID, analizamos las necesidades de las trabajadoras remuneradas del cuidado directo —el que se brinda a niñas y niños, personas mayores y personas con discapacidad, por ejemplo— para entender, junto con la gestión pública, qué caminos serían posibles para mejorar las condiciones de trabajo y el reconocimiento de este sector en cada municipio.
Por último, defendemos que los cuidados deben ser colectivos y, por eso, nada más lógico que hacerlo en red. En 2026, Foz pasó a formar parte de la Alianza Global por los Cuidados, con la convicción de que solo los esfuerzos conjuntos y articulados podrán transformar la actual organización social de los cuidados, tan desigual para las mujeres. ¡Que no solo en octubre, cuando conmemoramos el Día Internacional de los Cuidados y el Apoyo (establecido por la ONU el día 29 de este mes), sino durante todo el año, podamos seguir construyendo sociedades cuidadoras y más justas para todas las personas, en toda su diversidad y en todos los territorios!



