• Cuidados en el Foco
  • Artículo

De pensar los cuidados a gestionarlos: la nueva generación de sistemas de indicadores

Hace cinco años, medir los cuidados en una ciudad era una apuesta para convencer: mostrar cuánta gente necesita cuidados, quién los brinda y con qué servicios, para que los gobiernos se animaran a reunir datos y construir un sistema, ya sea articulando mejor los servicios que tenían para las poblaciones que requieren cuidados y/o creando nuevos. Hoy esa apuesta dio frutos. Hay ciudades con sistemas de cuidado en marcha: Bogotá, Guadalajara, Medellín, entre otros. Las preguntas que desde esos sistemas se disparan crecieron: además de por qué necesitamos un sistema de cuidados (políticas y programas organizados y articulados sistémicamente), los datos organizados de forma sistemática nos llevan a preguntarnos cómo está funcionando el que tenemos, dónde están sus déficits, a quiénes no estamos alcanzando, qué podemos mejorar, entre otras.

La nueva generación de sistemas de indicadores que estamos construyendo en Cali y en Nuevo León nace integrada a sus sistemas de información y con el objetivo de ayudar a gestionarlos.

América Latina: de la agenda a los sistemas

América Latina tuvo un camino pionero y propio en los cuidados. Uruguay marcó el hito con su Sistema Nacional Integrado de Cuidados, creado en 2015, y otros países siguieron: la Ciudad de México reconoció el cuidado como derecho en el artículo 9 de su Constitución en 2017, Bogotá creó las Manzanas del Cuidado en 2020, Costa Rica aprobó su Política Nacional de Cuidados en 2021 y Cuba conformó su Sistema Nacional para el Cuidado Integral de la Vida en 2024 (Consejo Nuevo León, 2026).

Además, en el plano regional, el reconocimiento del cuidado como derecho se ha consolidado a través de compromisos políticos y pronunciamientos jurídicos convergentes. El Compromiso de Buenos Aires, adoptado en la XV Conferencia Regional sobre la Mujer de América Latina y el Caribe (2022), instaló el paradigma de la sociedad del cuidado y reconoció el derecho a cuidar, a ser cuidado y al autocuidado. Sobre esa base, el Compromiso de Tlatelolco, aprobado en la XVI Conferencia Regional (Ciudad de México, agosto de 2025), estableció una década de acción 2025-2035 para alcanzar la igualdad sustantiva de género y la sociedad del cuidado. Este compromiso reconoce los cuidados como necesidad, derecho humano, bien público y trabajo, y prioriza el fortalecimiento de los sistemas de información, seguimiento, evaluación y rendición de cuentas. En paralelo, la Corte Interamericana de Derechos Humanos, mediante la Opinión Consultiva OC-31/25 del 12 de junio de 2025, solicitada por Argentina, reconoció el cuidado como un derecho humano autónomo. La Corte lo fundamentó en los principios de corresponsabilidad social y familiar, solidaridad, igualdad y no discriminación, y afirmó la obligación de los Estados de adoptar medidas legislativas y de política pública para garantizarlo en sus tres dimensiones.

En conjunto, estos instrumentos ofrecen un marco normativo y programático que respalda la creación de sistemas locales de cuidado y el desarrollo de herramientas de medición que permitan monitorear y rendir cuentas sobre la garantía efectiva del derecho al cuidado en el territorio.

La primera generación: medir para convencer

En 2020, el Instituto de Estadística y Censos de la Ciudad de Buenos Aires creó el primer Sistema de Indicadores de Cuidado de América Latina, con apoyo de Open Data Charter (ODC) y la cooperación canadiense (IDRC) (Open Data Charter y Secretaría de las Mujeres de la Ciudad de México, 2023). Organizó 75 indicadores en tres poblaciones que reciben cuidados (niñas, niños y adolescentes; personas con discapacidad; personas mayores dependientes) y tres dimensiones: contexto, demanda y oferta. Además, propuso dos desagregaciones clave: sexo para poder dimensionar la carga desigual de cuidados entre mujeres y varones, y la desagregación geográfica para poder entender las desigualdades socioeconómicas.

En 2023, también con el apoyo de ODC, Ciudad de México tomó el modelo: replicó 63 indicadores, sumó 13 nuevos y llegó a 76 (Open Data Charter y Secretaría de las Mujeres de la Ciudad de México, 2023). Su gran aporte fue poner a las personas cuidadoras en todo el sistema y medir el grado de dependencia de quienes necesitan cuidados.

Estos sistemas se construyeron principalmente en base a encuestas de hogares, de uso del tiempo, de condiciones de salud y censos de población. Sus preguntas guía eran de diagnóstico: ¿cuánto cuidado necesita esta ciudad y quién lo está dando? Cumplieron su objetivo. Hicieron visible algo que no se veía y le dieron a la agenda de cuidados un lenguaje de evidencia.

El giro: de los datos de encuesta a los datos de gestión

En Cali y en Nuevo León el punto de partida es otro. Los sistemas de cuidados, con diferentes niveles de institucionalización, ya están funcionando. En Cali funciona el Sistema Distrital de Cuidado (SIDICU), creado mediante el Decreto 0304 de 2023 e implementado a través de la estrategia CuidArte y sus Ecosistemas de Cuidado territoriales.

En Nuevo León, el cuidado se organiza a través de una estrategia de gobierno. Tras la instalación de la Comisión del Sistema Estatal de Cuidados, la Secretaría de Igualdad e Inclusión presentó la estrategia “Cuidamos Nuevo León”, que busca garantizar el derecho a cuidar, a recibir cuidados y al autocuidado y que articula servicios y programas como los Centros Comunitarios del Cuidado, el programa Impulso a Cuidadoras, las acciones para la primera infancia y la profesionalización de personas cuidadoras (Gobierno de Nuevo León, 2024). La institucionalización de la estrategia en un sistema de cuidados sigue en construcción: actualmente se discuten en el Congreso local una reforma constitucional para reconocer el cuidado como derecho humano y una Ley del Sistema Integral de Cuidados (Diego, 2026). Sin embargo, los datos sobre los servicios que integran la estrategia son un componente neurálgico del sistema de indicadores.

Eso cambia qué datos importan. Las encuestas siguen siendo la base para entender la demanda potencial de cuidados, pero ahora ganan peso los datos administrativos, los que el propio sistema produce todos los días: inscripciones, personas atendidas, cupos ocupados, servicios entregados, territorios cubiertos es decir la demanda efectivamente atendida. Son datos que se actualizan más seguido que una encuesta, que se pueden ver por barrio o por comuna, y que hablan directamente de lo que el Estado está haciendo y al mismo tiempo de las brechas.

Las cuidadoras, en el centro

El segundo cambio es de foco. En Buenos Aires, la mirada estaba puesta en quienes reciben cuidados. Ciudad de México dio el primer paso sumando a quienes cuidan a partir de datos de encuestas. En Cali y Nuevo León damos un paso más: las cuidadoras pasan a ser una población con derechos propios, y medimos también los servicios que existen para ellas.

No alcanza con saber cuántas personas (principalmente mujeres) cuidan y cuántas horas les dedican. Queremos saber si tienen acceso a formación, a respiro, a apoyo para volver al empleo, y si esos servicios llegan a quienes más los necesitan. También queremos conocer su edad, su nivel educativo, dónde acceden a los servicios y qué servicios usan.

El sistema de indicadores permite pasar de reconocer la carga de cuidado a gestionarla. Los registros de CuidArte muestran que casi la totalidad de las personas vinculadas al programa son mujeres, que más de la mitad de quienes respondieron dedica más de ocho horas diarias al trabajo de cuidado, que cerca de un tercio tiene 60 años o más y que ocho de cada diez no alcanzaron la educación media. Estos datos abren preguntas de política concretas: cómo garantizar el derecho al autocuidado de quienes superan una jornada completa de cuidado, quién cuida a las cuidadoras que envejecen, y qué oferta de formación y certificación permitiría fortalecer sus habilidades y su autonomía económica. A la vez, medir las horas de cuidado que proveen los Ecosistemas permite valorar cuánto tiempo devuelve el sistema a quienes cuidan, y orientar su expansión territorial.

En Nuevo León, los registros administrativos de los programas estatales cumplen una función similar. El indicador de personas beneficiarias del programa Impulso a Cuidadoras permite conocer el alcance del reconocimiento económico al trabajo de cuidado. Los padrones de los programas para personas con discapacidad y para jefas de familia permiten identificar a hogares con mayor carga de cuidado y menor capacidad para resolverla. Del lado de la oferta, los registros de personas mayores usuarias de servicios de atención diurna y de organizaciones de la sociedad civil que proveen cuidado permiten dimensionar cuánto cuidado se desplaza fuera del hogar y quién lo presta. Leídos en conjunto, estos indicadores permiten preguntarse si los apoyos llegan a quienes más cuidan y si la oferta de servicios alcanza para aliviar su carga.

Nuevas preguntas, nuevas hipótesis

Cuando se agregan datos, surgen nuevas preguntas. La primera generación se preguntaba cuánto cuidado se necesita. La nueva puede preguntar, por ejemplo:

  • ¿Los servicios llegan a los barrios donde más se necesitan, o dónde es más fácil instalarlos?
  • ¿Quiénes se inscriben y quiénes quedan afuera?
  • ¿Qué servicios tienen más demanda que cupos?

Y permite plantear hipótesis que antes no se podían poner a prueba, como que el acceso a servicios de respiro reduce la sobrecarga de quienes cuidan, o que la oferta pública cambia la forma en que los hogares reparten el cuidado.

Respuestas que aún no tenemos

Pese a estos avances, en el caso de Cali el sistema todavía tiene vacíos que limitan su capacidad para orientar la política de cuidados. La provisión comunitaria, uno de los pilares de la organización social del cuidado, aparece solo de forma indirecta, a través de las modalidades comunitarias del Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (ICBF). Siguen pendientes los datos sobre las redes y organizaciones que cuidan en los barrios, los comedores comunitarios y el componente comunitario de los propios Ecosistemas de Cuidado. Tampoco hay información sobre la formación y certificación de las personas cuidadoras, remuneradas y no remuneradas, ni sobre la calidad del cuidado que se presta y se recibe.

Los sistemas de indicadores actuales, como los de Buenos Aires, Ciudad de México y los futuros de Cali y Nuevo León, permiten dimensionar la demanda, la oferta y la carga de cuidado. Una próxima generación debería dar el paso hacia medir las capacidades de quienes cuidan y las condiciones en que se cuida, para responder no solo cuánto cuidado hay, sino cómo es ese cuidado y qué se necesita para mejorarlo.

Lo que viene

La experiencia de Ciudad de México dejó una lección clara: si la publicación y actualización de los datos dependen de la voluntad del gobierno de turno, el sistema envejece rápido (Open Data Charter y Secretaría de las Mujeres de la Ciudad de México, 2023). Los datos administrativos hacen que esto sea todavía más urgente. Un sistema de indicadores de gestión solo sirve si se alimenta todo el tiempo, y eso requiere reglas, equipos y presupuesto.

Los sistemas de indicadores de cuidado ya no son solo una herramienta para poner el tema en agenda. Son parte de la infraestructura de los sistemas de cuidado. Medir para convencer fue el primer paso. Medir para gestionar, y para rendir cuentas a quienes cuidan, es lo que estamos dando ahora.

Fuentes

  • Alcaldía de Santiago de Cali, Secretaría de Bienestar Social (2025). Actualización Bases Técnicas Sistema Distrital de Cuidado de Cali – CuidArte.
  • Alcaldía de Santiago de Cali y Open Data Charter (2026). CuidArte – ODC: análisis de indicadores y fuentes [base de trabajo; registro anonimizado de vinculaciones CuidArte, marzo de 2024 a mayo de 2026].
  • Consejo Nuevo León para la Planeación Estratégica (2026). Marco conceptual de cuidados. https://conl.mx/proyectos/un-kit-de-cuidados-para-llevar-de-idea-a-implementacion/
  • Corte Interamericana de Derechos Humanos (2025). El contenido y el alcance del derecho al cuidado y su interrelación con otros derechos. Opinión Consultiva OC-31/25 de 12 de junio de 2025. Serie A No. 31.
  • Diego, B. (2026, 17 de septiembre). Derecho al cuidado en Nuevo León: una ruta en construcción. Nexos. https://federalismo.nexos.com.mx/derecho-al-cuidado-en-nuevo-leon-una-ruta-en-construccion/
  • Gobierno de Nuevo León, Secretaría de Igualdad e Inclusión (2024, 28 de noviembre). Gobierno de Nuevo León presenta estrategia para el Sistema Integral de Cuidados (Comunicado CP/2657/2024).
  • Open Data Charter (2026, 14 de mayo). Datos para cuidar: fortaleciendo la gobernanza de los cuidados en América Latina. https://opendatacharter.medium.com/datos-para-cuidar-fortaleciendo-la-gobernanza-de-los-cuidados-en-am%C3%A9rica-latina-b790bd6e5bb1
  • Open Data Charter (s.f.). Guía de Apertura de Datos para los Cuidados. https://open-data-charter.gitbook.io/guia-de-apertura-de-indicadores-de-cuidados
  • Open Data Charter y Secretaría de las Mujeres de la Ciudad de México (2023). Midiendo la oferta y demanda de los cuidados en la Ciudad de México. Un proyecto colaborativo para la construcción de un Sistema de Indicadores de Cuidado en la Ciudad de México. Elaborado en el marco de la iniciativa Care Economy Partnerships 4 Change de IDRC.
  • Sistema de Indicadores de Cuidado de la Ciudad de Buenos Aires (SICCABA). https://www.estadisticaciudad.gob.ar/si/cuidados/principal
  • Sistema de Indicadores de Cuidados de la Ciudad de México (SICCDMX). https://indicadoresdegenero.semujeres.cdmx.gob.mx/indicadores/indicadores-de-cuidados